“Les Halles” de París.

            Hace treinta años se publicó un reportaje fotográfico sobre la destrucción por voladura del antiguo mercado de “Les Halles” de París.

            Aquellas imágenes de una belleza inmensa, encerraban simultáneamente la tragedia y la ironía. Eran trágicas enguanto representaban la desastrosa muerte de un digno edificio. Eran irónicas porque mostraban, comprimido en el tiempo, la evolución del sistema industrial desde el estremo de la razón téncia al extremo  de la ley comercial. Desde su origen, se proyectó y construyó el mercado de “Les Halles” con la previsión de su destrucción de modo que su estructura estaba compuesta con fijaciones con pernos, es decir que era desmontable. Soltar los pernos de las uniones y retirar pieza a pieza la estructura hubiese supuesto que la destrucción tuviese la misma racionalidad clásica, la misma dignidad que había supuesto la construcción. Y también naturalmente, un coste análogo. Menos de un siglo después de la construcción era mucho más barato recurrir al romántico espectáculo de la explosiones y recoger la chatarra con palas excavadoras. La fotografía condensó instantáneamente una historia que no se reconciliaba consigo misma.

            En esta serie de fotografías de Jesús Tarruella, se da también esta polaridad dialéctica que aunque más matizada no deja de estar lo suficiente patente como para aparecer como fundamento característico.

            Los modos de representar la arquitectura han sido históricamente, imágenes planas. Se ha argumentado ya que desde el empleo de la fotografía, su influencia ha variado los modos de representar el volumen arquitectónico e incluso la imaginación de su proyectación. En cambio aquí se encuentra una relación inversa entre el espacio de la arquitectura y la planaridad de una fotografía que para afirmarse en sí misma recupera el recuerdo del dibujo; una relación inversa en la que el volumen y el espacio de la arquitectura resultan remitidos a su historia, a su imagen como signo. La ironía aparece así sustituída por una sucesión de visiones sorprendidas ante la revelación de las entrañas de antiguos edificios industriales.  Los espacios arquitectónicos industriales que son el prototipo de funcionalidad clásica, son desentrañados por esta fotografía en planos vacíos yertos. El lenguaje trágico de la destrucción se torna por la evidencia de estas imágenes, en dramático abandono en el que la acción de la naturaleza sustituye a la intención humana generando el sentimiento más romántico de la ruina.

            El tratamiento “dibujístico” de las imágenes se desenvuelve de un modo muy consecuente. Por un lado un lenguaje clásico está basado en las iluminaciones uniformes de los planos y en los encuadres centrados que refuerzan la simetría de las composiciones de los edificios. Frente a esto, por otro lado, el sentimiento barroco se afirma en los fuertes contrastes, en los cuales bajo grises suaves aparece la indefinida profundidad del negro, y sobre grises intensos destella la luz infinita del blanco.

            Esta dialéctica entre el discutir de los lenguajes y la pasionalidad de los discursos es el fundamento de un siglo XX que se derrumbó hace uinos años en Berlín. No ha ocurrido alternando sucesivamente como en la historia anterior. Por la aceleración que la cultura industrial imprime a sus acontecimientos, las confrontaciones polares suceden coexistiendo. En la actualidad de un “proto-siglo” XXI, resulta muy difícil atisbar las síntesis que conduzcan a una superación de la cultura industrial. El indudable valor de las fotografías que propone Jesús Tarruella incluye la manifestación de esta dialectica y la orientación de su superación convertida en memoria.

Carlos Sevilla._30-IV-96

Arquitecto

Jefe de Departamento de Diseño Industrial

Escuela de Artes Plásticas y Diseño. Valencia

Texto interior:

Catálogo: Jesús Tarruella. Arqutecturas Perdidas.
Edita: Cada de la cultura. Ayuntamiento de Villena.
1996
ISBN: 84-920501-5-2