No se preocupen, las Arquitecturas Perdias ya han aparecido.

“Se muy bien que muchas cosas me pedirían ser fotografiadas, y yo les obedeceré siempre”.

                                                                       Jacques Henry Lartigue.

            No se crean ustedes que andar pateándose por ahí los caminos con un equipo fotográfico encontrando arquitecturas perdidas y fotografiándolas es fruto de unas fiebres mal curadas, o de la caída de un salero sobre una lata de Tri+x, o debido al paso por debajo de una escalera con la cámara de 9X12 tratando de encontrar un buen encuadre con el cual darse el gusto por aquello del onanismo fotográfico, no.

            Escoger sesenta y cinco fotografías dignas de ser expuestas, después de haber disparado sesenta y cinco por n (siendo n un número finito mayor que dos y menor que doscientos) es un trabajo largo, pesado, que requiere esfuerzo yu que los que somos fotógrafos podemos ayudar a explicar a la gente, espectadores encantadores, que creen que hacer fotos es menos cansado que liar un cigarrillo de picadura selecta.

            Todo empezó con un idilio fotográfico gracias a la nostalgia, entre un fotógrafo y unas oxidadas instalaciones de Altos Hornos del Mediterráneo. Las fotografías llenas de Arquitecturas perdidas que se presentan ahora, realizadas entre 1995 y lo que lleva de 1996 son su fruto.

            En un trabajo de las características de éste, es importante, como decía André Kerstez dominar completamente la técnica para poder expresarse de forma deseada, y la forma y las técnicas utilizadas aquí demuestran ser coherentes, sobrias y adecuadas, digo técnicas porque son varias, y es que hacer fotos y luego copiarlas son dos maneras diferentes y complementarias de referirse a la historia del amor con la fotografía que le sucedió a Lartigue cuando solo tenía siete años de edad y escribía en su diario infantil la frase que encabeza este texto.

            En lo referente a la toma fotográfica se debe resaltar un aspecto importante de este trabajo: la variedad dentro de la coherencia temática. Hubiera sido un recurso fácil a la hora de plantearse las tomas, elegir un punto de vista igual para todas las fotografías, una misma óptica, un mismo tipo de luz, un mismo formato, etc…, con el consiguiente resultado más fríamente conceptual en al puro estilo de B. y H. Becher. Personalmente, y valorando el inmenso trabajo (a lo largo de más de treinta años ) del matrimonio alemán, me resulta más sexualmente mediterráneas las fotografías donde se posibilita una relación diferente y variada en cada caso individual con el elemento con que nos enfrentamos (me sugieren más cosas las fotografos mediterráneos y americanos) y en este sentido las Arquitecturas Perdidas están más cerca de fotógrafos como Gabrielle Basilico. Esta triple variedad (formatos, ópticas, puntos de vista) da al trabajo un aspecto de frescura cercano a la fotografía documental, y al reportaje fotográfico con características propias de la fotografía de arquitectura, o bien una fotografía de arquitectura con elementos de fotografía documental.

            En lo referente al copiado, en la memoria técnica (del presente catálogo) se citan claramente las técnicas de acabado de las fotografías (aquí se nota la influencia de la fotografía clásica americana desde el grupo f/64 hasta Walker Evans) y son el complemento perfecto de la toma, dejando de manifiesto la importancia que tiene que el autor mantenga un control total del proceso fotográfico, desde la previsualización (palabreja con color a Carmel) hasta el copiado y el montaje de las fotografías.

            Algunos fotógrafos creen que la fotografía se lleva bien con cosas como la tierra, el sexo, etc…,   me gusta confirmar al ver este trabajo que todo eso parece que sigue siendo verdad, ¿no?.

Enrique Algarra

Fotógrafo y Profesor de fotografía.

Texto interior:

Catálogo: Jesús Tarruella. Arqutecturas Perdidas.
Edita: Cada de la cultura. Ayuntamiento de Villena.
1996
ISBN: 84-920501-5-2